El Maestro

A

lonso Xuárez (1640-1696) accedió a la codiciada plaza de maestro de capilla de Cuenca en 1664 con las recomendaciones e informes favorables de tres músicos de gran talla que estaban al frente de las principales instituciones musicales del panorama musical español de la época: Luis Patiño, maestro de la Real Capilla, Juan de Padilla, maestro de capilla de la catedral de Toledo y Tomás de Miciezes, su maestro. Este último había ejercido previamente el mismo cargo en Toledo, donde probablemente conoció a un Xuárez niño, antes de convertirse en maestro de capilla del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, lugar al que le seguiría Xuárez, pues de allí procede cuando es contratado por el cabildo conquense a la edad de 25 años. Estos datos reflejan que su formación estuvo a cargo de ilustres músicos y que estaba en contacto con los ambientes musicales más relevantes del momento.

En una primera etapa, ejerció su labor durante once años en los que, además, se ocupó de la dirección del Colegio de San José, siendo su primer rector. Esta institución, encargada de la formación de los infantes de coro, le fue entregada en su inauguración en 1668. Disponía de un espléndido edificio, próximo a la catedral, adquirido gracias a las disposiciones dejadas en el testamento de su fundador, el canónigo Diego Mazo de la Vega, quien además le otorgó, entre otros beneficios, una renta anual de 1500 ducados. A ésta habría que sumar otras donaciones, como los 2000 ducados otorgados en el testamento de Andrés de Pacheco, quien fue obispo de Cuenca y más tarde Inquisidor General y Patriarca de las Indias Occidentales. Según sus constituciones, esta institución, que pervivió hasta 1929, tenía la función de criar, alimentar y formar a los doce infantes de coro, cuya misión era servir en las ceremonias catedralicias dándoles mayor esplendor y solemnidad.

En 1675 la catedral de Sevilla, en orden a su prestigio, le ofreció la plaza de maestro de capilla a la que accedió directamente sin realizar oposición alguna. Se mantuvo en ese puesto hasta el año 1684 en el que, por motivos de salud, y con gran pesar del cabildo sevillano, decidió volver a Cuenca.

Allí, por el contrario, fue recibido con entusiasmo, lo que se refleja en las importantes mejoras económicas que le fueron asignadas por el obispo Alonso Antonio San Martín, hijo del rey de España, Felipe IV. Ejerció su magisterio hasta el 26 de junio de 1696, día en que falleció.

Compuso gran cantidad de obras, casi en su totalidad de carácter religioso. Predomina la escritura policoral con acompañamiento de diversos instrumentos, siendo destacable su facilidad para el uso de la modulación y el atrevido empleo de la disonancia.

El grueso de su obra se conserva en la catedral de Cuenca y otra parte importante de su producción se halla en la catedral de Sevilla. Además, y esto es una muestra del prestigio que alcanzó, también se encuentran obras suyas en otras catedrales de España de lugares tan dispersos como Santiago de Compostela, Valladolid, Salamanca, Valencia o Las Palmas de Gran Canaria.

Otro elemento importante para apreciar la relevancia de su figura es el prestigio de sus alumnos. Entre ellos se encuentran los hermanos Diego y Sebastián Durón, quienes accedieron a determinados puestos por recomendación suya. Este último está considerado uno de los músicos más sobresalientes del barroco español y fue maestro de la Real Capilla del rey Carlos II.